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El refrigerador que quiso crear Einstein

27-07-2017
Al físico le debemos más que teorías.

LG

Quién pensaría que Einstein, con toda su genialidad y después de crear la teoría cuántica y resolver la teoría de la relatividad, estaría muy preocupado por tener frutas y verduras frescas en el refrigerador. Resulta que el renombrado y despeinado físico alemán, durante los años 20 estaba enfrascado en un complejo desafío autoimpuesto: descubrir la teoría de todo. Pero paralelamente y como para distraer la mente en cosas más mundanas (pero igualmente necesarias) pasaba sus días ideando formas de hacer de los refrigeradores, aparatos más eficientes.

Los años posteriores a la teoría de la relatividad

Durante aquellos años, Einstein lidiaba con un complejo segundo matrimonio y recibía elogios de la prensa internacional sobre sus alucinantes descubrimientos. Era considerado un tipo fuera de lo normal, un científico brillante, pero que a la vez vestía gracioso y era cálido con los niños.

También comenzaban las primeras críticas antisemitas de sus coterráneos, quienes consideraban que su teoría era tosca y poco precisa, únicamente por el hecho de ser judío.

Él, sumido en la misión de encontrar la ecuación que resumiera la realidad en unos pocos dígitos, vivía aún lejos de la crueldad que se desataría en pocos años. Hasta que en 1926 encontró un inusual pasatiempo.

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El refrigerador de Einstein

Leyendo el diario, un día Einstein se encontró con una historia que al parecer lo preocupó: una familia se había intoxicado y había muerto a causa de los gases tóxicos emanados por su refrigerador. En aquella época, pocas familias gozaban de un equipo como éste en sus casas, y aún era muy precarios.

 

Tal como hoy, los refrigeradores funcionaban con un líquido refrigerante que circulaban por tuberías, absorbiendo el calor del interior del equipo, para luego soltarlo en el exterior. El problema, es que las piezas móviles y dañadas, causaban el escape de gases tóxicos, como amoníaco y dióxido de sulfuro, los que hoy hay sido reemplazados por componentes que no son dañinos.

Fue entonces que el físico acudió a quien sabía que lo podía ayudar, el joven Leó Szilárd, experto en termodinámica y recién graduado en la Universidad de Berlín. Juntos, crearon un refrigerador con menos piezas y reemplazaron la parte del circuito que condensaba y evaporaba el refrigerante, por una bomba de compresión sin partes mecánicas que se movían y dejaban escapar los gases. Este refrigerador funcionaba con un campo electromagnético que movía mercurio, el que actuaba como un pistón para comprimir el gas.

¿Y qué pasó con su invento?

Al principio todo fue miel sobre hojuelas, porque en 1927 la firma de productos eléctricos sueca Electrolux compró una de las postulaciones a patente de Einstein y Szilárd, por lo que actualmente serían 10 mil dólares. Y, para 1932, ya existían varios prototipos funcionando aunque, dicen, el sistema era muy ruidoso y “aullaba como un chacal”.

Lamentablemente, con la llegada de Adolf Hitler al poder en Alemania, en 1933, Einstein y Szilárd se vieron obligados a exiliarse en Estados Unidos, y la empresa dejó de desarrollar su invento.

Einstein

Los nombres de Einstein y Szilárd continuarían unidos en la historia, ya no por la invención de un útil electrodoméstico, sino porque años más tarde Szilárd patentaría la bomba atómica, y obligaría a Einstein a advertir al gobierno estadounidense sobre la producción de armas nucleares en Alemania. Ello desencadenaría luego el triste Proyecto Manhattan, que buscaba desarrollar esta arma antes que la Alemania nazi, y que acabaría con los desastres de Hiroshima y Nagasaki, en 1945.

¿Crees que el refrigerador de Einstein debió continuar su desarrollo?

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