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Cuando la “comodidad” se transforma en autonomía para personas con discapacidad

23-06-2016
La necesidad de detalles pequeños que cambian vidas de manera gigantesca.

LG

La comodidad es esencial para todos. Siempre buscamos el “confort”, sentirnos a gusto con todo lo que nos rodea y más. Cada cierto tiempo salen al mercado las cosas más inverosímiles y extraordinarias para proporcionarnos comodidad o quizás la sensación “de”. Las bandejas con ruedas para las estufas, bombas de trasvasije para parafina, creo (y esto es netamente personal) que son de las cosas más ridículamente útiles que he visto.

Pero el tema va hacia otro lado. Siempre pensamos en la mayoría y no nos fijamos que en realidad no necesitamos que sea todo más cómodo ni fácil para nosotros, deberíamos mirar hacia el lado y considerar que hay otras personas que sí necesitan que todo sea más cómodo y fácil para ellos. Los niños, los adultos mayores y las personas discapacitadas o con capacidades diferentes son un claro ejemplo de ello.

Para la mayoría de nosotros no es extraño ver el rebaje de las cunetas en las esquinas, es parte de nuestra ciudad y no existe mayor cuestionamiento, pero ¿sabía usted que antes de que existiera la cruzada solidaria de las 27 horas de amor, no existía dicho rebaje en las aceras de ninguna parte de esta angosta y larga faja de tierra?

Pequeños detalles

Un pequeño detalle, un cambio en el paradigma, dejar de mirarse el ombligo y ver que no todos somos iguales y no todos tenemos las mismas capacidades es lo que proporciona avances y hace accesible cosas y acciones que son tan cotidianas y mundanas para nosotros, como cruzar la calle en una esquina rebajada haciendo que la transición entre la vereda y la calle sea más “amigable” y no una tarea titánica para aquel que no cuenta con el 100% de su movilidad.

En el año 2012, un chico de 16 años con parálisis cerebral, Matthew Walzer, escribió una carta al CEO de una importante marca de zapatillas contándole su caso. En resumen, decía que a punta de esfuerzo había logrado sortear muchos obstáculos en su vida, como lograr caminar con cierta autonomía y hablar, pero había uno que aún no lograba superar: atarse los cordones de los zapatos. Para nosotros puede ser un detalle menor, pero para este joven que pretendía ir a la universidad, necesitaba no contar con la preocupación de que quién ataría sus zapatos día a día. Fue así como desafió a la compañía a crear zapatillas que tuvieran un sistema de cierre “fácil” y que por supuesto le ayudaría la tarea a quienes enfrentan los mismo desafíos físicos que él. Así nacieron las Nike Flyease.

Una flojera útil

Otros nacen desde la flojera propia, como los Hickies, desde la búsqueda de la propia comodidad, pero que puede ayudar a otros de todas maneras. Un matrimonio de argentinos, Mariquel y Gastón, radicados en Nueva York inventaron estas bandas elásticas que sirven para atarse las zapatillas. Gastón dice que la idea nació hace unos 12 años atrás, cuando era estudiante y se dio cuenta que, como muchos, no ataba sus cordones y solos los escondía. Pero también vio y notó que el tema “cordones” era un problema que iba más allá: las madres con sus hijos, los atletas, las personas con movilidad reducida, etc.

Quién no ha pasado por el “cacho” de ver sus cordones siempre desatados por muy apretados que dejes el moño, debió de haber pensado Gastón y, junto con su señora, diseñaron los Hickies.

El plus es que con la puesta en venta de su producto, les comenzaron a llegar mensajes y agradecimientos porque estas banditas elásticas estaban facilitando la tarea de atar cordones a las personas con autismo. Se adentraron en el tema y se convirtieron en beneficiarios de organizaciones para personas con autismo alrededor del mundo.

Innovación pensada en los demás

Otro matrimonio, uno estadounidense tiene una empresa que se llama M+D (Movilidad y Diseño), donde la búsqueda de la comodidad nace a partir de la observación del padre de Max y la amputación de una de sus piernas. Se dio cuenta que la “tecnología” de las muletas data de la Guerra Civil. Así que junto a su señora Liliana se pudieron a trabajar y buscaron, bajo el concepto de la “libertad” como proveer un buen diseño de muletas, que fueran más funcionales.

Se dieron cuenta que una de las cosas que había que cambiar era la zona de apoyo, así que la trasladaron de las axilas a los codos, así el impacto y la fuerza se ejerce con el brazo y antebrazo completo y no solo con las axilas y/o las manos. Además cuentan con un sistema de sujeción que mantiene la muleta unida al brazo en caso de soltarla.

Detalles pequeños que cambian vidas de manera gigantesca, no solo por la comodidad, sino por la libertad que proporcionan para que personas con movilidad reducida o capacidades diferentes puedan sentirse más autónomos dentro de sus limitaciones.

Acciones tan comunes como atarse los cordones pueden ser un acto de independencia y autonomía para otros, es algo que no podemos dejar pasar. Si pensamos en la comodidad propia, vayamos un poco más allá y veamos como ese beneficio que para mi puede dar un giro puede ser beneficioso para otro, para el del lado y para el de más allá.

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