E-books en Chile: pensemos en digital

Hoy varios medios nacionales replicaron una información interesante que reveló la Cámara chilena del Libro: la producción de e-books en nuestro país se duplicó en el año 2011, alcanzando un 13% de la producción editorial total. Fue el segmento que más creció en Chile el año pasado. ¿Qué tal?

Es una cifra que me alegra mucho pero que también abre una interrogante vital: de esos e-books, ¿cuántos corresponden a meras digitalizaciones, y cuántos a libros digitales “reales”, es decir, pensados para el formato?

No es una pregunta trivial. Tuve esta discusión con varios expertos en una de las jornadas académicas de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, donde tuve la suerte de participar hace unas semanas. La edición digital en Latinoamérica es todavía muy pobre y lenta, con poca innovación, por lo que si bien ese 16% suena alentador, me preocupa la idea de que la gran mayoría de esos e-books sean sólo digitalizaciones -clones sin alteración desde el papel convencional al papel electrónico-, sin mayores ganas de intervenir y utilizar este nuevo formato en pos de una mejor experiencia de lectura. Ampliar los catálogos con digitalizaciones está muy bien, necesitamos seguir poblando las bibliotecas online, pero también es necesario que nos hagamos cargo de las nuevas posibilidades y realicemos algo al respecto. Si no, en Chile lo digital seguirá siendo “el hermano chico” de la edición tradicional y nunca dará el salto que ya estamos presenciando en otras partes del mundo. Vamos a quedarnos atrás, para variar.

El soporte digital permite muchísimos complementos al texto de una novela, por ejemplo, como ilustraciones dinámicas, videos y animaciones muy variadas con material inédito, además de ampliar y permitir innovación en el acceso y compra del libro. Esa es su ventaja y su valor agregado. Si no utilizamos estas herramientas, el e-book se convierte en un “accesorio” del libro en papel convencional, no en un producto nuevo en sí, subvalorando su razón de ser. En este minuto estoy trabajando con dos equipos, uno español y otro brasileño, para evaluar mis próximos lanzamientos literarios, y hay tantas opciones de “enriquecimiento” en el soporte digital que me cuesta saber por dónde empezar. Todo está ahí, la tecnología existe. Sólo hay que usarla.

Reitero aquí lo que dije en mi ponencia en FILBo. Editores, escritores: si van a publicar un e-book, piensen en digital. Copiar y pegar el texto y crear un archivo epub ya no basta. El tren del mundo corre rápido. Atrévanse a poner un pie en el vagón.