Teletón 2010: más que una silla de ruedas

Escrito en 2010 el diciembre 3, 2010

Se supone que esta es “la fiesta de Chile”, como suele decir don Francisco, pero cada vez me topo con más gente que siente distancia, recelo, casi tirria hacia la Teletón. Las razones son varias –la más recurrente es, por supuesto, la sobre exposición de los niños y sus dolorosas historias- pero hay una que escuché hace poco y me sorprendió: Muchas personas creen que en la Teletón solo se atienden niños que necesitan muletas o una silla de ruedas. Les carga que se les dé tanta vitrina pues “como son niños sanos, pero con un problema motor” no deberían ser más importantes que otras enfermedades o campañas. Que hay otras necesidades.

Estoy de acuerdo; hay muchos niños con distintas realidades que merecen minutos en cada noticiario, pero sin importar en cuál “realidad” nos centremos, siempre habrá otra, y otra, y otra. Somos un país en esencia solidario y tenemos fundaciones y organizaciones para todo tipo de personas, lo que es magnífico. ¿Por qué la Sociedad Pro-Ayuda al Niño Lisiado parece ser más importante para Chile? Porque su campaña es liderada por una de las máximas figuras nacionales e internacionales a nivel hispano, además de haber sentado un precedente mundial en sistema de donación masiva. Y eso no es poco decir. Hay más razones, pero no es la discusión que me preocupa. Es la anterior. Quien cree que solo se tratan problemas motrices en la Teletón, no ha visto televisión en los últimos 32 años.

Mi hermano Juan José tiene 15 años y Síndrome de Down. Dentro de sus varias peculiaridades, al ser hipotónico e hiperlaxo siempre caminó con poca seguridad y equilibrio –entre mis hermanos bromeamos con que camina y corre como “Fido Dido”-, por lo que desarrolló una lesión progresiva en su rodilla derecha que, hasta hace unos meses, ya casi no le permitía caminar. Se operó recientemente y luego de reposo y rehabilitación, de a poco está recuperando su movilidad. ¿Por qué les cuento esto? Porque alguna vez pensamos buscar ayuda en la Teletón. Así como Juan José, muchos niños con problemas neurológicos o discapacidades mentales se atienden diariamente ahí, donde reciben no solo rehabilitación del cuerpo, sino también de la mente. En rigor, la fundación recibe y da tratamiento a cualquier niño o joven hasta los 20 años que presente alguna enfermedad invalidante de origen neuro-músculo-esquelético, y esa lista es gigante. ¿Sabían que se ayuda a niños autistas, con Síndrome de Asperger, epilépticos e hidrocefálicos? ¿Conocen el tratamiento integral que necesita un niño con esclerósis múltiple? La Teletón fusiona en sus pasillos a decenas de otras iniciativas sociales sobre condiciones especiales y enfermedades complejas. Es harto, harto más que un montón de sillas de ruedas.

Médicos, psicólogos, asistentes sociales, profesores… equipos multidisciplinarios se encargan de que mover una pierna sea solo el primer paso de muchos. Si logras caminar, después viene la integración escolar, comunitaria, social y/o laboral, que no es un menor desafío comparado con el mismo problema motriz. Porque la Teletón también nos ha rehabilitado a nosotros: desde 1978 viene produciendo un cambio cultural hacia una auténtica dignidad y valoración del discapacitado en Chile. Nadie puede negar que, desde que tenemos estas 27 horas de amor, hay una mayor conciencia de esta necesidad, aunque todavía nos falte mucho por recorrer. Por eso la Teletón es tan importante, porque es poderosamente simbólica. Ese depósito en el Banco de Chile también es una inversión en uno mismo, en la apertura a la diversidad, en romper la burbuja. Porque es la única manera de que Chile sea un solo corazón.

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