Kung-Fu Panda 2: Que no Panda el cúnico

Escrito en cine el junio 10, 2011

Les tengo una historia verídica de la vida real verdadera: Después de ver Kung-Fu Panda (la uno), me motivé heavy y decidí practicar las artes marciales. La dura. Yo la única técnica milenaria oriental que había practicado hasta entonces era hacer sobakus, jugar Nintendo y comer wantanes, pero después de ver esta película sobre un oso panda gordinflón buena onda que llega a ser maestro del Kung-Fu, me dije TATE. ¿Por qué no?

Así que fui donde mi viejo y le pedí que me inscribiera en clases de artes marciales, pero él me dijo que en Chile no había escuelas de Sumo y se mató de la risa, porque la gente senil se ríe de sus propios chistes. Yo lo chantajeé y le dije que si no me matriculaba en clases de artes marciales después me iba a volver delincuente y lo iba a apuñalar para robarle el reloj como vi en una historia en el matinal del trece. También le dije que si no hacía deportes iba a terminar aspirando Stic-Fix, y que me iban a mostrar en la tele con la cara pixelada como los niñitos brígidos de las noticias, y que todo mi sufrimiento iba a ser culpa de él porque él me había traído al mundo sin preguntarme, etc.

Igual todo le dio lo mismo a mi viejo, seguía muerto de la risa e incluso me pasó un paño de cocina para que me hiciera una zunga de Sumo. Al final lo único que funcionó fue preguntarle a si era normal que me gustara el color rosado, y cantar Lady Gaga. Vieran la carita de mi viejo. Después de eso no sólo me inscribió en clases de Karate, también me regaló una pelota de fútbol, un cuchillo de sobrevivencia de Rambo y una Playboy. En resumen, Kung-Fu Panda promueve las buenas relaciones entre padres e hijos.

A mí no me fue tan bien en las artes marciales como al Kung-Fu Panda, en todo caso, porque resulta que entrenar el karate es lo peor, y el entrenamiento no se demora cinco minutos con música bacán como en las películas. En la vida real hay que estar una hora trotando en el puesto, hacerle reverencias al “maestro”, y vámonos yendo a la casa hasta la próxima semana. En la totalidad de clases a las que fui (tres) no aprendí a pegar ninguna patada brígida, ni a darme vueltas en el aire ni mucho menos a romper puertas con un combo, así que cero posibilidades de salir de escapar del ataúd cuando me entierre Bud.

Y lo peor de todo es que mi maestro era un compadre todo winner que se juraba el cancha Golden VIP del estadio pero era más flaite que sashimi de paloma. La dura, lo único que hacía era mirar la hora, y los únicos consejos sabios que daba eran sobre cómo pagar las cuotas. Así que dejé botadas las clases y preferí ver películas, total, de tanto ver cuestiones de karate apuesto que algo aprendo.

Kung-Fu Panda era mucho más optimista que yo en todo caso, y aunque todos le decían que no servía para las artes marciales y ni el maestro le quería enseñar, él nunca se rendía y terminaba derrotando al Leopardo Mala Onda amortiguando los golpes con la guata y aplastándolo con el traste. Por lo que la otra enseñanza de Kung-Fu Panda es que el colesterol igual es bueno así que échenle mayonesa al tocino no más, con confianza.

Al final Kung-Fu Panda tenía tantas enseñanzas y eran tan entrete que uno lo pasaba chancho viéndola, sobre todo porque estas películas de animales que hablan (y que en el póster tienen una ceja más levantada que la otra) son lo peor. ¿Cómo olvidarse de la escena en que el Leopardo Mala Onda escapa de la cárcel? ¿O cuando pelea contra los buenos en ese puente colgante?

Como sea, estaba feliz por ver esta Kung-Fu Panda 2: Que No Panda El Cúnico en 3D, y ustedes también deberían estarlo porque es maestra. Si les gustó la uno, con esta lo van a pasar igual de bien, y van a estar con la media sonrisa desde el comienzo, a diferencia de mi viejo cuando le dije que me retiraba del mundo de las artes marciales.

Parte igual que la uno, con monos animados de dibujitos (no de computador) que cuentan una historia del pasado. Claro que ahora es la historia de un Pavo Real Maletero, que es el malo de la película, y que va a dejar la grande porque inventó la pólvora así que es el gran responsable de los fuegos artificiales de Año Nuevo y de la cochinada que queda en la Alameda todos los años (uno le agarra mala al tiro). Lo mejor de todo eso sí es que uno vuelve a ver a todos los personajes que les tenía buena en la uno, y eso siempre es bacán: la tigra, la serpiente, el saltamontes, el mono y el maestro Guarén (Advertencia: no sale la tortuga senil de la uno, cien estrellitas menos).

Todos ellos van a ir a pelear contra el Pavo Real Maletero, y la gran papa que se revela es que el Kung-Fu Panda en realidad no es hijo biológico de un ganso. Es impactante pero es verdad, sorry. Pero no se preocupen porque acá cuentan todo, de dónde salió Kung-Fu Panda, y qué pasó con sus papás y todo. Incluso hay unos flashpacks donde se ve a Kung-Fu Panda guagua y es tan tierno que a una comadre en el cine le dio la menopausia de tanto decir “Aaaaw”.

Hay caleta de escenas chistosas y otras de acción karateca a toda raja, todo con música bacán de restorán chino que da ganas de comer wantán. Todo es mucho más atadoso que en la uno, que era más piola y por lo mismo uno pajareaba menos. Acá van a más lugares, hay más personajes y más enredo, pero está bien. Encontré que no había ninguna escena tan maestra como el escape de la cárcel de la uno, pero hay como dos o tres partes acá que se acercan, y con eso estoy al otro litro. Igual se siguen tomando en serio las escenas de karate y las peleas, y hasta dan ganas de hacer Tai-Chi (karate de abuelitos).

Ah, y lo que más me gustó de todo cabros fue lejos el 3D. Ustedes siempre me preguntan si vale la pena gastar las lucas adicionales para ver los flims en 3D y aquí lamentablemente tengo que decirles que sí. Hasta las partes que son de dibujitos en papel se ven bien en tres dimensiones, y con eso les digo todo. Así que ya saben. En honor a los animales les digo: No sean pajarones, aperren y rompan el chanchito, inviten a los cachorros de la casa, y vuelen al cine porque lo van a pasar caballo con el oso: Cuatrocientos millones setecientas mil catorce estrellas y un Pavlovic Award al 3D por brindar tanta percepción de profundidad.

¡Y GRACIAS A LG POR INVITARME A ESCRIBIR ESTA CRÍTICA (MAESTRA)!

Lo que más me gusta ahora de ver películas 3D en el cine, es que sé que después voy a poder verlas igualito en mi casa donde nadie me va a comer cabritas en la oreja, ni me van a hacer atado por acostarme en el suelo en slip (bueno, mi vieja sí). Ya llevo como tres semanas viendo la tele CINEMA 3D que me prestaron los amigos de LG y todavía me deja para dentro. Lo último que vi fue una película sobre el espacio sideral y ni les cuento la de asteroides que me clavé en el ojo. Y yo sé que todos han soñado con asteroides clavados en el ojo, así que ya saben. LG CINEMA 3D, la tele de los campeones, que los campeones no devolverán nunca. Sorry, LG.