Collectibles, juguetes de adultos con alma de niños

Escrito en Collectible el agosto 29, 2011

Mi primer acercamiento a un collectible (o “figuras de acción”, como se les dice por estos lados) fue a los 6 años, escudriñando una maletita rarísima con letras amarillas gigantes que decían “Star Wars”. ¿Qué diablos era eso? Sepa moya. Pero igual me interesó el contenido, de puro curiosa. La maletita especial  contenía  11 figuras pequeñas muy bien hechas, con vestimenta real y todo, de los mismos personajes que estaban en el poster a la entrada de la pieza de… bueno, “alguien”, porque si revelo su nombre y se entera que alguna vez toqué sus preciados collectibles, desataré una furia que me costará caro. Sólo digamos que esta persona era fan de la saga de George Lucas, tenía mucha decoración ad hoc, y por un precio seguramente excesivo para la época, había comprado aquellos juguetes de adulto que, más que para jugar, sirven para admirar.

No hay ñoño que se vanaglorie de tal que no tenga algún collectible en su pieza/casa. Es un axioma de la ñoñez, y en la cantidad/calidad de las figuras se determina el grado de fanatismo de su dueño. Es un fetiche más de aquello que te apasiona (película, serie, comic, libro, etc) pero cabe en la categoría de “intocable”, tanto así que muchos fans ni siquiera sacan a las figuritas de sus cajas. Las prefieren así, inmaculadas, dispuestas en una repisa como si estuviesen en exhibición, y convenientemente lejos de las manos ajenas. No se “juega” con ellas, porque son demasiado valiosas para arriesgarlas a algún daño. Eso le pasó a mi Fox Mulder (The X Files) de 12 inches hace varios años atrás: a manos de mis hermanos chicos, terminó con sus zapatos masticados, cabeza raspada, además de perder su linterna y badge del FBI. Una pérdida irrecuperable.

O eso creía. Gracias a tiendas como Sargentoys, hoy podemos conseguir o recuperar figuritas (sobre todo ochenteras) que alguna vez tuvimos o quisimos cuando niños, y que, ahora de adultos, podemos atesorar como esculturas. Mi más reciente adhesión, que me tiene muy feliz, es una Dana Scully (The X Files) con traje y badge del FBI, más un alien autopsiado y camilla incluida. Es un collectible que sólo se comercializó como campaña de la película “The X Files: Fight the Future” en 1997, se descontinuó rápidamente y nunca logré tener un ejemplar. ¡Ahora sí! Irá directo a la esquina de mi biblioteca donde está el resto de mis preciadas “figuras de acción”: una Hermione (Harry Potter) con varita y todo, de 12 inches; un Mr. Spock (Star Trek), de 6 inches;  y mi fetiche máximo, un Hannibal Lecter (El Silencio de los Inocentes) amordazado y con camisa de fuerza, 15 inches, que además habla y me dice “Good morning, Clarice”. Como guinda de la torta, desde lo alto lo corona todo una nave Enterprise NCC- 1701 hecha especialmente para el aniversario n°25 de “La Ira de Khan” (película de culto de Star Trek).

¿Qué figuritas tuviste cuando chico y hoy recuerdas con cariño? O, si el fanatismo te atrapó hace poco, ¿qué collectible te gustaría tener?