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Momentos tech-rroríficos

31-10-2018
¿Se acuerdan de los pantallazos azules? ¿Olvidar el crtl+G? ¿Qué tu mamá desenchufara tu Nintendo? Ya que es Halloween, aprovecho de recordar nuestras mejores pesadillas de antaño y cuáles nos quitan el sueño hoy, porque la tecnología nos facilita la vida, pero también nos pone los pelos de punta.

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Una de las grandes gracias de la tecnología es que tiene la capacidad de sorprendernos a cada rato, aun cuando creamos que ya lo hemos visto todo. Así como nos da alegrías, a veces queremos golpear el computador con un bate de béisbol. Nos da y nos quita como si la vida fuese un juego, y bueno, quizá lo es. Nos regala momentos de júbilo, como cuando encontramos wifi gratis donde menos lo esperábamos, pero también nos atrapa en momentos terroríficos, como esos largos segundos en que te abalanzas a tu celular para rescatarlo del fondo del WC. A estas alturas ya deberíamos haber aprendido a no llevarlo al baño, pero la terquedad –y la adicción a las redes sociales– puede más. Después no se quejen. *inserte risa diabólica*

Ay, las pesadillas de antaño. Probablemente muchos de ustedes recuerdan los clásicos pantallazos azules, ese regalito que nos tenía Windows cuando se le daba la gana y dejaba temporalmente inutilizable a nuestro computador, muchas veces para siempre. Si no te atacaba el warning azul, había un imprevisto peor: que se cortara la luz. Escuchar que alguien perdió todo el avance de su tesis simplemente porque explotaron los fusibles y se le olvidó “guardar” el documento, era otro clásico. Suena a prehistoria, lo sé, pero no fue hace taaanto tiempo, así que algunos millennials que alcanzamos a usar Pentiums III y Windows 95 quedamos espirituados y estamos condicionados a apretar crtl+G cada cinco minutos, aunque la opción de autoguardado exista hace años. Somos una generación que creció con la frustración de lo potencialmente efímero, si no pregúntenle a quienes llorábamos junto al Nintendo que la mamá desenchufó sin querer. Como no había forma de guardar los avances de juego en los cartuchos antiguos, tenías que dejarlo en pausa y la consola prendida mientras ibas a almorzar, por ejemplo, pero todo tipo de infortunios podían suceder en ese intertanto, no sólo un corte de energía sino simplemente que el aparato se recalentara y te obligara volver a empezar. La de gritos que pegábamos por perder una etapa de Super Mario 3 o Zelda. Somos una generación resiliente, cabros. Para qué decir los que sufrieron con Ataris y Commodores.

La lista de momentos tech-rroríficos de décadas pasadas es larga y nutrida (sé que algunos están pensando en el viejo del saco o el tiburón de Cachureos, pero no, concéntrense). Sin embargo, han aparecido nuevos miedos, más paranoides y sabrosos, y de todos esos monstruos que nos acechan en estos días, me gustan tres:

De dónde sale la publicidad de Instagram. No digan que no. Se me pone la piel de gallina cuando estoy en un café hablando de Venecia con unas amigas y apenas levanto el celular para la selfie de rigor, la primera ad en Instagram es una agencia de viajes ofreciéndome un descuento para viajar a Italia. Así con mil temas. Los responsables niegan que nos estén investigando a través de cámaras y micrófonos para personalizar (y manipular) tus tendencias de compra, pero el rumor tibio se ha convertido de a poco en un “a todos nos ha pasado” y ahora respiramos en la constante incertidumbre de estar viviendo en un especie de The Truman Show.

Espías en la cámara de tu notebook. Desde ese glorioso momento en que supimos que Mark Zucherberg tapaba la cámara de su computador portátil, todos los cuentos de la cripta que nos habían contado al respecto se hicieron realidad. A correr en círculos. Los expertos en informática siempre dijeron que ningún aparato será jamás 100% seguro, que desde la CIA hasta la NASA nos están espirando, pero no los pescamos mucho hasta que el tío Facebook nos demostró sus propios temores. Ahora en mi webcam hay un lindo sticker de Pascualina.

Que explote tu celular. Suena como una broma, eran casos muy aislados hasta hace un par de años, pero hoy es cada vez más común y los desarrolladores se han visto obligados a tomar más y mejores medidas. Se habla de causas múltiples que van desde baterías recalentadas, smartphones enchulados con piezas de dudosa procedencia o cargadores mal cableados; como sea, que tu celular explote en tu bolsillo es un pavor en expansión.

Seguro aparecerán más momentos que nos hagan saltar de pánico en la silla, porque eso es lo lindo de esta cuestión. Amar y odiar la tecnología son dos caras de una misma moneda. Y ya que estamos, cerremos con un imperecedero: olvidar la contraseña. No importa qué tantas nuevas técnicas aparezcan, que la pregunta de seguridad o los correos secundarios o los códigos temporales o whatever: la fatalidad está a la vuelta de la esquina y todos conocemos a alguien que perdió su email sin retorno porque todos los pasos le fallaron. Como dicen los gringos, shit happens, pero sin duda hace nuestra vida más interesante, ¿o no? ¡Boo!

 

 

 

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