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Romi1

Lectura biométrica: el nuevo pasaporte

14-12-2018
Esta semana comenzó a operar una terminal biométrica en el aeropuerto de Atlanta, el más transitado del mundo. Es una evolución lógica en eficiencia y seguridad aeronáutica, pero su implementación puede ser muy lenta si nos resistimos a los cambios. Tu retina versus un pasaporte convencional. ¡Que empiece el round!

Romi1

Este viernes salgo de Santiago otra vez. Será mi séptimo viaje en este 2018 y, nos les miento, estoy algo cansada. No me quejo de llena: viajar es emocionante y enriquecedor, pero una cosa es el destino y otra muy distinta es el trámite para llegar a él.

Después de cierta frecuencia, el acto físico de viajar se convierte en un protocolo agotador. Agotan los transfers, los aeropuertos, las filas eternas en los counters o los módulos de autoatención que no funcionan. Agotan los vuelos de madrugada y esas horas que en el avión no dormiste y después nunca pudiste recuperar, aun con esa almohadilla para el cuello que te costó no sé cuántos dólares en el Duty Free. Agota el wifi restringido y la comida envasada. Agota la burocracia y la espera, y eso que tengo mis trucos, como siempre viajar únicamente con maleta de mano –muchas aerolíneas te permiten pasar directamente a Policía Internacional tras tu check in online si no vas a mandar nada a bodega–, para así saltarme la tediosa espera de la huincha tras el aterrizaje y pasar mucho más rápido los controles de seguridad, sin contar el bonus de eludir el riesgo de pérdida de equipaje, hoy por hoy tan común incluso en las aerolíneas más consolidadas.

Quienes viajamos mucho tenemos varios atajos bajo la manga, es cierto, pero ni el más experimentado puede alivianar los minuciosos pasos que se exigen en las entradas y salidas de los países, siempre aparejados al estricto control de identidad. Necesario, sin duda, pero muchas veces es majadero y paranoide, quedando a la voluntad del policía de turno y que incluso puede hacerte perder un vuelo de conexión porque tu nuevo corte de pelo le pareció sospechoso. ¿Puede la tecnología aligerar este engorroso proceso que se vive a diario y por mil en todos los aeropuertos del mundo?

Claro que sí. Bienvenida sea la lectura biométrica.

Nada nuevo bajo el sol. Los datos biométricos están siendo usados por distintas marcas y dispositivos hace ya varios años, desarrollando softwares cada vez más sofisticados en el reconocimiento de tus particularidades. En su momento fue revolucionario que un simple reloj pudiese monitorear tu ritmo cardiaco o que pudieses desbloquear tu smartphone con reconocimiento de huella dactilar. Hoy eso ya es parte de nuestra rutina y lo será aún más en el futuro cercano, por lo que era curioso que aún nadie intentara poner esa tecnología a disposición de algo tan demandante como un control aeroportuario. Lo cierto es que sí se había pensado, sí estaba en desarrollo, y por fin sale a la luz.

Esta semana comenzó a operar una terminal biométrica en el aeropuerto de Atlanta, el más transitado del mundo con 104 millones de pasajeros al año. ¿Y en qué consiste? Simplemente mirando a una pantalla, un programa de reconocimiento facial te permite hacer check in, registro de equipaje y comprobación de identidad, comparando tu rostro con miles de otros en una gigantesca base de datos verificada por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos. Como debes saber, tu rostro es único en términos matemáticos, por lo que es posible desarrollar un algoritmo que lo identifique con precisión a pesar de algunos cambios naturales como alza/baja de peso, poco/mucho maquillaje o nuevo peluquero, haciendo de este “pasaporte” uno más certero e infalible que una libreta de papel con una foto desactualizada.

Si sólo usásemos nuestro rostro como identificador –u otros datos biométricos como la retina, huellas o la voz– imaginen todo el tiempo que nos ahorraríamos en el trámite aduanero, las confusiones y humillaciones que ya no existirían –a mí papá lo retuvieron una vez en Nueva York porque había un delincuente buscado con un nombre muy parecido al suyo–, las conexiones de vuelos que ya no se perderían, aunque sí se perderían unos cuantos centenares de trabajos, siendo reemplazados muchos policías y asistentes por computadoras. Esa podría ser una de las trabas para que esta tecnología se masifique en el mediano plazo, pero como sabemos hace rato que las máquinas cambiaran de forma crítica el escenario laboral mundial, mejor ir pensando en un plan B, ¿no?

Soy una amante del papel y los pasaportes. Colecciono los sellos de cada país como si fuesen souvenirs y reconozco una pena enorme pensar en el día que ya no existirán. Sin embargo, todo evoluciona y hay que moverse con la brisa, sobre todo si permitirá trámites más rápidos y garantizadamente fidedignos. Cualquier identificación en formato físico –carnet, pasaporte, cualquier identificador digital- es muy fácil de falsear en estos días o no se actualizan con la debida rapidez, como es el caso de jóvenes trans que deben esperar muchísimo por documentos oficiales con su nuevo nombre y género. Pero tus datos biométricos siempre dicen la verdad sobre quién eres. ¿No es lógico pensar que, en un control de identidad, tu mejor evidencia sea… tú mismo?

El plan piloto en Atlanta no es el único. En aeropuertos de Dubai y Singapur también se están probando terminales de lectura biométrica y obviamente se espera que más países se sumen. Como siempre, queda en la voluntad de los gobiernos subirse al carro de la tecnología, o más bien, que vean su valor en pos de la eficiencia, la transparencia y la seguridad de su turismo. ¿Se sumará algún día Chile, sociedad conservadora y resistente a los cambios? La retina versus pasaporte convencional. ¡Que empiece el round!

 

 

 

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