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Mi Lollapalooza

27-03-2014
Dicen que la música que escuchas en tu adolescencia es la que te acompaña para toda la vida. Esa música de cancioneros y posters de la revistas, los cassettes que esperabas comprar en el Portal Lyon o el Paseo Las Palmas, las juntas con amigos en la playa soñando que algún día vendría el grupo

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Dicen que la música que escuchas en tu adolescencia es la que te acompaña para toda la vida. Esa música de cancioneros y posters de la revistas, los cassettes que esperabas comprar en el Portal Lyon o el Paseo Las Palmas, las juntas con amigos en la playa soñando que algún día vendría el grupo que estaba de moda.

Convengamos y asumamos que estamos a la punta del cerro. Que las posibilidades de una gira hasta acá y la consiguiente compra de entradas para conciertos se veían al menos remotas cuando la juventud abundaba pero el bolsillo escaseaba. Que las ganas eran muchas por ver a las bandas, pero mirábamos las publicaciones de Billboard y Rolling Stone y notábamos que nuestros ídolos estaban justo tocando… al otro extremo del planeta.

Entonces pasaron los años, las productoras y road managers descubrieron a Sudamérica en el mapa y ¡por fin! comenzaron a venir. Los conciertos ya no eran lejanos, y el sueño de tener a todos juntos se hizo posible con eventos como Lollapalooza.

¿Se acuerdan de ese memorable capítulo de Los Simpsons donde Homero se codea con los músicos de “Hullabalooza”? ¿Y que en el mismo episodio –llamado Homerpalooza, por cierto-  va a una tienda de discos alternativos donde en la pared hay un afiche de Nine Inch Nails? No me digan que no estábamos predestinados para que a nosotros también nos pasara algo parecido.

Si bien hay grupos relativamente nuevos y muy buenos, mi corazón de calcetinera se queda con los clásicos. ¿Cómo no darlo todo a puros saltos escuchando a Red Hot Chili Peppers? O emocionarse con la avalancha de éxitos y buena onda que Café Tacuba tiene con el público chileno.

Si de cantar se trata, podemos sentirnos un niño más mientras coreamos a 31 minutos (yo soy de las que le grita “¡Mijito Ricoooo!” a Guaripolo). O ver la cátedra que nos dará NIN con sus armonías vocales; respeto por ellos hasta el infinito y más allá.

El domingo personalmente es mi día favorito. Si no conocen a Johnny Marr, les recomiendo ahora mismo meterse a You Tube y darse una panzada de videos de The Smiths. Esa reconocible guitarra  es él, y de ahí en adelante su carrera musical es pura admiración y talento.

Seguimos con Pixies, el grupo que jamás soñamos siquiera tener por acá porque se separaron antes de poder verlos en vivo. Es la segunda vez que vienen a Chile, y están mejor que nunca. Tienen una nueva bajista, ¡y es argentina! Mi meta entonces será lograr llegar a backstage con un choripán con chimichurri a modo de ofrenda.

Termina Pixies y corremos directo a un clásico de las fiestas de colegio. Nos ponemos body, plataformas, jeans rojos y bailamos “Penso Positivo” junto a Jovanotti.

Y para terminar, los monstruos de Soundgarden aplicarán el broche de oro a Lollapalooza, sólo imagínense escuchar “Spoonman” sonando a todo cañón.

¿Cómo no ser feliz con tantos recuerdos? Voy entonces por mis zapatillas regalonas, mi bloqueador y mi agua de las carmelitas para bajar la ansiedad, porque este fin de semana SE VIENE.

 

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