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[Lollapalooza 2012] Día uno: “Nostalgia”

01-04-2012
En los festivales se prueba la resistencia física, cuánto se puede aguantar si caer rendida a las inclemencias de una jornada maratónica. Lamentablemente suele llegarse a la conclusión de que ya no estamos tan jóvenes. El día uno de Lollapalooza también dejó esa nostalgia también a nivel musical, con la potente aparición de héroes  radiales

En los festivales se prueba la resistencia física, cuánto se puede aguantar si caer rendida a las inclemencias de una jornada maratónica. Lamentablemente suele llegarse a la conclusión de que ya no estamos tan jóvenes. El día uno de Lollapalooza también dejó esa nostalgia también a nivel musical, con la potente aparición de héroes  radiales quinceañeros (y que el domingo continúa con IKV y Dave Grohl). El principal show de la noche, a cargo de Björk y sus hipnóticas coristas-sacerdotisas espaciales fue un espectáculo total que pretendía unir como en una opera música, naturaleza y ciencia. La solemne puesta en escena, de un impecable y refinado nivel técnico, parecía en momentos volverse algo hermética en su conceptualización, que Bjork aligeraba con versiones pastoriles digitales de temas más conocidos y con la presencia magnética de su grupo de apoyo. Artista clave de la escena electrónica vanguardista de los 90’s y 00’, parecía increíble pensar que esa misma mujer, hace casi veinte años emergía fresca en su aproximación despojada a la música de baile. Esa nostalgia de quién se fue alguna vez también se generó con Los Tetas.  Si Bjork ocupó su trayectoria para proyectarse en el futuro, Tea-time lo dijo claro bajo el sol tórrido de la tarde: parecía que era 1996 otra vez, y el funk con riffs de la banda  volvía aparecer como un género novel en la escena chilena.  Si para los quinceañeros que fuimos en su momento la frase “si el funk mueve tu culo, deja decirte que el funk es tuyo” sonaba a algo parecido a liberación y un descubrimiento, en Lollapalooza  fue el justo saldo de cuentas de una banda que volvía otra vez a sentirse cómoda arriba del escenario con un repertorio macizo y sudado.

Algo similar pasó con el único festival dentro del festival: Tuliopalooza. La repleta presentación de 31 minutos -que incluyó apariciones de casi todos los personajes de la serie, más músicos de apoyo de Chancho en Piedra, Pedro Piedra y una aparición especial de Cosme de Café Tacuba-  fue la consagración como rockstars  de Tulio Triviño y compañía en base a un repertorio infalible de canciones que soportan el paso del tiempo campeonas, haciendo aún más evidente la estupenda factura de sus creadores. El público, con un rango variopinto de edad, pareció oscilar en intensidad entre los que vieron 31 minutos de niños y hoy adolescentes cantaban arrebatados en una catarsis y los mayores, que mientras se coreábamos ese crescendo demoledor de “Mi equilibrio espiritual”, nos parecía imposible no pensar melancólicos que la televisión chilena pareció con 31 Minutos acercarse a la genialidad.

Puntos altos del día: el show de rock and roll cuidado y cautivadoramente excéntrico de Pedropiedra, que acompañado de una legión de fans duros, dio inicio a la jornada  mostrando el nivel de consolidación de su repertorio, ayudado por una gran puesta en escena con las coristas Laura Palmers y una sección de vientos. Similar a lo que pasó con Adrianigual. Acompañado de Mamacita y con un sonido sobresaliente que magnificó la simpleza de su pop de sintetizadores, la banda logró de hacer del espacio de la una y media de la tarde una fiesta nocturna y trasnochada, con una extraña urgencia punk en los bailes sinuosos de el vocalista Diego Adrián. Arctic Monkeys entregaron un show potente y parejo, donde el timming implacable que le imponía Alex Turner con su nuevo look rockabilly, dejaba en evidencia el control del ritmo de una banda que maneja segura la claves de un rock de guitarras, mientras el público literalmente se desmayaba en la cancha por la emoción y por los apretujamientos.  Mención aparte, para Surtek Collective y su electrónica de dandies y Gogol Bordello, con su veloz punk cosmopolita.  Un día maratónico, emocionante en su nostalgia y sorprendente en el oficio demostrado.

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