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Cote1

Bienvenida, querida Ciencia

16-08-2018
Es un hito. Este lunes entró en vigencia la ley que confirma la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, pero ahora viene la parte realmente difícil: ponernos de acuerdo en la organización y las prioridades de un área largamente pospuesta que, obvio, ya no puede esperar más.

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Han sido días convulsionados en la contingencia nacional, de polémicas y peleas, por lo que una maravillosa noticia pasó bien desapercibida y es mi deber gritarla con megáfono: el lunes entró en vigencia la ley 21.105, publicada en el Diario Oficial, que confirma la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. Es un hito en nuestra historia, chiquillos. Algo que fue una ilusión por décadas, sólo rumores y buenas intenciones, por fin es una realidad, y ya que se concretó, ahora viene la parte realmente difícil: armar el plan, elegir a los personeros adecuados y ponernos de acuerdo en cómo priorizar las decenas de aspectos en estas áreas que requieren una mirada urgente. Porque piénsenlo: recién en el 2018 Chile acordó que necesitaba un crecimiento mancomunado, serio y sostenido en Ciencia. RECIÉN. ¿En qué búnker hemos estado viviendo?

Más allá de que este tremendo atraso demuestra muy bien por qué seguimos en el subdesarrollo –no olvidemos que Chile destina apenas un 0,37% del PIB a I+D, un quinto del promedio de los países OCDE–, tenemos frente a nosotros una oportunidad real de corregir el rumbo antes de que sea demasiado tarde. Este nuevo ministerio viene con el mensaje claro de que se acabaron los tiempos de la subestimación, el desorden y la desidia. O nos subimos a la micro o estaremos destinados a correr siempre tras ella. No podía ser que los esfuerzos de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT, que dependía del ministerio de Educación y ya no existirá más) y CORFO viajaran por años en carriles paralelos sin un buen diálogo ni objetivos conjuntos, cuando son huevos del mismo canasto, por sólo nombrar una de las tantas esquinas a evaluar. Ese es uno de los tantos desaciertos que deberían corregirse para ver resultados concretos en el mediano plazo, no sólo porque ya es un asunto de deber, sino porque la misma población lo está exigiendo.

Es que eso de que a los chilenos no les interesa la Ciencia es una vil mentira o, siendo cándidos, un tremendo error de interpretación. La Ciencia no es más que curiosidad y creatividad volcada a la naturaleza y todos sus procesos, por lo que para las personas es una inclinación nata, pero que sufre el fatal destino de desperdigarse y desaparecer sin el impulso correcto (y constante), sobretodo en la época escolar. Que “La Ciencia Pop” del bioquímico Gabriel León haya sido un éxito de ventas –tanto como para publicar un segundo tomo, que se estrenó esta semana– es una muestra concreta de que el interés existe y está deseoso de explotar si las condiciones se dan. No es el contenido, es cómo te lo cuentan; no es el tema, es su lugar en el escalafón respecto a las otras áreas de desarrollo humano, y ese lugar lo decide o lo sepulta la institucionalidad estatal. Nadie hoy podría desmerecer, por ejemplo, cuán necesario es tener un Ministerio de Cultura, una entidad fuerte que aúne esfuerzos con un presupuesto decente y que valide en la sociedad la importancia de las artes. En el mismo sentido, la Ciencia es indispensable en el desarrollo y evolución de la humanidad, y nadie (creo) podría negarlo. ¿Por qué entonces estuvo relegada durante tanto tiempo en nuestro país?

Podríamos discutir culpabilidades toda la vida, pero bueno, enfoquémonos. Lo importante ahora es a qué daremos prioridad y, aún más relevante, quién va a comandar el buque. El presidente Piñera tiene máximo un año para poner en marcha este esperado ministerio (y sus cinco secretarías regionales), así que es poco probable que veamos avances antes de julio de 2019, pero de que avanzamos, avanzamos. Al menos hay tiempo suficiente para hacer las cosas bien, elegir a profesionales capacitados, distribuir el presupuesto con visión de futuro y estructurar la agenda con expertos. ¿Podemos abrazar el lujo de ser optimistas?

Bienvenida, querida Ciencia, al estatus que siempre has merecido. Ojalá no malgastemos la oportunidad.

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