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Sigamos jugando a bailar: Dance Central

Sigamos jugando a bailar: Dance Central

16-09-2011
Los juegos de baile son el fetiche de mi familia. Hace varios años atrás e impulsados por la fascinación de mi hermano más chico con la música pop pegote –tiene Síndrome de Down-, durante un verano en Maitencillo descubrimos una máquina de “Pump It Up”. No nos bajamos más. Ay, la cantidad de plata gastada

Los juegos de baile son el fetiche de mi familia. Hace varios años atrás e impulsados por la fascinación de mi hermano más chico con la música pop pegote –tiene Síndrome de Down-, durante un verano en Maitencillo descubrimos una máquina de “Pump It Up”. No nos bajamos más. Ay, la cantidad de plata gastada en fichas… Mejor ni acordarse. Pero qué buenos tiempos. Qué manera de reírnos.

Somos 5 hermanos y nos turnábamos en la plataforma. Nos dimos cuenta que no nos costaba seguir las flechas en la pantalla. Que las canciones eran buenas. Que el ritmo de las mismas era vital para ganar el round. Que el video de la canción te distrae más que te ayuda, pero que las ilustraciones delirantes de los japoneses son dignas de admirar. Así, íbamos prácticamente todos los días a jugar y de a poco depurábamos la técnica. Nos atrevíamos a saltar de espaldas en ciertos momentos, a cambiar el switch a “hard”. Tanta práctica nos llevó a conocer otra máquina, el “Dance Dance Revolution” (DDR), que no nos gustó tanto como el “Pump It Up”, pero nos permitía variar de juego y eso siempre es bueno. Por demás, tenía versión para PlayStation –con alfombra con flechas incluida-, lo que era un tremendo plus.

Ya éramos secos en DDR, hasta descubrimos el programa que te decía cuántas calorías bajabas por baile, cuando apareció ante nosotros el “Ez2Dancer”. La experiencia del baile 2.0. Ya no sólo tenías que jugar con tus pies y tus oídos: ahora debías sumar tus manos. Dos dispositivos con luces (verdes y azules) se agregaban a las flechas en el piso y así te obligaban a jugar con todo tu cuerpo. ¡Fantástico! Ahí partimos, los 5, al mismo localucho en Maitencillo, esperando colas eternas de adolescentes peleando por un turno en la nueva atracción. Y todo de nuevo: gastamos lo que no teníamos, pasábamos horas frente a la pantalla y aprendimos a dominar los trucos. Lo mejor del asunto era que estábamos juntos, y que entre risas y burlas nos acomodábamos a la coreografía sin chistar. Como un desafío constante.

Al principio dije “hace varios años atrás” porque, lamentablemente, de un minuto a otro estas máquinas comenzaron a desaparecer. De estar en todos lados cual plaga digital, terminaron en esquinas de nicho difíciles de acceder. ¿Muy caras de mantener o la gente perdió el interés? No lo sé, pero lo sufrimos. Hoy por hoy sobrevive un E2D en el Mampato, pero bien a mal traer. También hay un par de DDR en el área de juegos del boulevard del Parque Arauco. Un par más en el centro. Y para de contar. ¿Qué hacemos los viudos del baile?

A nuestro rescate llegó “Dance Central”, algo así como la experiencia 3.0 en este relato. Ya sin flechas ni luces ni plataformas rígidas: una cámara pequeña (Kinect) sigue tus movimientos libres y mediante unos sensores los asocia al juego que corre en la Xbox 360. Tan simple y asombroso a la vez. Yo ya lo jugué, y me encantó, pero la experiencia no será completa hasta que tome al resto de mis colorines del brazo y nos riamos de nuestras torpezas. ¡Sin fichas esta vez!

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